Hablar es una de las formas más naturales de comunicarnos. Lo hacemos casi sin pensar, dejando que las palabras fluyan al ritmo de nuestras ideas. Pero, ¿qué ocurre cuando ese ritmo se acelera tanto que empieza a interferir en la comunicación?
Hablar es una de las formas más naturales de comunicarnos. Lo hacemos casi sin pensar, dejando que las palabras fluyan al ritmo de nuestras ideas. Pero, ¿qué ocurre cuando ese ritmo se acelera tanto que empieza a interferir en la comunicación?