¿Qué es la misofonía?
Es una condición neurológica o sensorial que provoca reacciones intensas (como ira, ansiedad o molestia extrema) ante sonidos comunes y repetitivos —como masticar, respirar, teclear o sorber— que para la mayoría pasan desapercibidos. Aunque todavía no está reconocida de manera oficial en manuales clínicos, cada vez hay más estudios que ponen el foco en ella.
Síntomas y desencadenantes
Emocionales: irritación, frustración, ansiedad, sensación de amenaza inmediata.
Físicos: aumento del ritmo cardíaco, sudoración, tensión muscular, dificultad para respirar.
Conductuales: evitación de situaciones sociales, aislamiento, respuestas impulsivas como taparse los oídos o abandonar el lugar.
Los sonidos más comunes incluyen: masticar, sorber, teclear, respiración fuerte, tictac de relojes, pasos, crujir de plástico o ruidos nasales. También pueden existir sensibilidades visuales acompañantes, como movimientos repetitivos.
Por qué sucede
La causa exacta aún no se conoce. Se sospecha que existe una hiperconexión entre áreas auditivas y motoras del cerebro, lo que amplifica la relevancia emocional de ciertos sonidos. También se han encontrado vínculos con otros trastornos como ansiedad, depresión o trastornos del espectro autista. Además, se considera que puede haber factores genéticos que predisponen a esta sensibilidad.
¿Cuán frecuente es?
Se estima que entre el 5 % y el 20 % de la población podría presentar misofonía, aunque muchos casos no se diagnostican formalmente. Es mucho más común de lo que parece, aunque a menudo se vive en silencio por vergüenza o desconocimiento.
Opciones de tratamiento y estrategias útiles
Aunque no hay cura definitiva, existen enfoques que pueden aliviar los síntomas y mejorar la calidad de vida:
Terapia Cognitivo-Conductual (TCC): ayuda a reformular la percepción del sonido y manejar la reacción emocional.
Terapia de Reentrenamiento Auditivo: exposición gradual a sonidos, junto con sonidos neutros o blancos para facilitar la habituación.
Técnicas de regulación emocional: mindfulness, respiración profunda, relajación muscular y meditación.
Cobertura sonora: auriculares con cancelación de ruido, tapones o música relajante para minimizar el impacto del desencadenante.
Enfoque multidisciplinar: la combinación de terapia psicológica, apoyo audiológico y estrategias sensoriales suele dar mejores resultados.
También es muy importante la comprensión del entorno: explicar a familiares y amigos qué ocurre puede reducir conflictos y generar apoyo.
ilustrativo
Un joven cuenta que desde la infancia evitaba cenas familiares porque los sonidos de masticar le resultaban insoportables. Llegó incluso a abandonar espacios sociales por esa tensión. Con el tiempo, aprendió a manejarlo mejor gracias a la terapia y a estrategias como el uso de auriculares en situaciones críticas. Su experiencia refleja cómo la misofonía puede condicionar la vida diaria, pero también cómo es posible recuperar bienestar con ayuda adecuada.
Conclusión
La misofonía no es una simple incomodidad ante sonidos molestos: es una condición real que puede afectar el bienestar emocional, social y funcional de quien la experimenta. Reconocerla, buscar apoyo y aplicar estrategias de regulación puede marcar una gran diferencia. Con acompañamiento profesional y comprensión del entorno, convivir con esta sensibilidad es posible y la calidad de vida puede mejorar de forma significativa.