Ir a la primera sesión con un psicólogo suele generar dudas, nervios e incluso algo de miedo. Es normal no saber por dónde empezar, qué contar, si habrá preguntas incómodas o si uno tendrá que hablar de todo desde el primer minuto. La realidad es que esa primera visita suele ser mucho más tranquila de lo que la mayoría imagina.